A veces, lo que pudiera parecer una rareza, algo impuro, no es sino una belleza diferente, que no sabemos aceptar. Al menos no por el momento.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

2 días para el fin del mundo, 12 días para el fin del año.


Siempre me ha encantado escribir este tipo de cosas, para recordar todos los momentos vividos en cierto momento cuando lo leo mucho más tarde. Y este año en especial creo que se lo merece.
Para mi sobre todo, ha sido un año muy extraño, un año de cambios. He pasado momentos malos, momentos muy malos, momentos buenos, pero sobre todo momentos muy buenos. Y lo he hecho con tal cantidad de gente que se me hace imposible mencionarlos a todos.
El año empezaba con el final de algo muy importante para mi, pero con los carnavales llegó un nuevo comienzo. El comienzo de lo que me ha hecho vivir los mejores momentos de este año, y de lo que más problemas me ha causado también. Por supuesto, aunque los momentos buenos duraron poco, la intensidad de estos fue lo suficientemente alta como para que los malos se alargaran el resto del año, desencadenando la mayoría de cambios y problemas que he tenido a lo largo de este.
Pero no sólo trajo consigo cosas malas, también trajo cosas buenas. Las mejores, las personas que estuvieron allí para apoyarme cuando peor me sentía, para sacarme una sonrisa. Personas que en cuestión de meses se han hecho un hueco enorme en mi corazón y que, aunque parezca lo contrario, se quedarán ahí para siempre.
Además, hizo que las ganas de empezar las vacaciones hicieran un verano de locuras inimaginables (de las cuales destaco, evidentemente, el viaje a la playa por encima de todas las demás), de conocer personas, de enamorarse y desenamorarse cada día.  Y sobre todo de tener ganas e ilusión otra vez.
El verano terminó, y como todo, con la vuelta a la rutina volvieron las cosas malas. Todos los problemas olvidados en verano, y unos cuantos más que supusieron reducir la ilusión a cero una vez más, y aumentar las ganas de matar a más de mil.
Fiestas desastrosas y que supusieron derramar muchas lágrimas en vano, y con cada final, una vez más, un comienzo. Esta vez algo caótico, lleno de dudas, de dilemas, de problemas morales sobre todo. Todo acompañado de un estrés y un agobio por los examenes elevado a cien, de horas sin dormir y de eternas tardes de estudio que te impedían pensar en otra cosa que no fueran las características de la escultura griega, el pensamiento aristotélico, la forma de resolver ecuaciones lineales o las mil regencias de Isabel II.
Y a pesar de todo,  una vez más aparecieron esas personas capaces de sacarte una sonrisa con las locuras más descabelladas, esas personas que me han escuchado y han estado ahí para darme fuerzas.
Y con este último mes, el final del año, ha empezado una vez más algo especial. Contador de ilusiones dispuesto a subir, y ganas de matar practicamente neutralizadas.


Este 2012 ha estado repleto de finales, y con cada uno unas personas que estuvieron ahí para ayudarme a comenzar de nuevo, con más ganas que la vez anterior. Sólo espero que este final de año suponga exactamente lo mismo: el comienzo de uno nuevo mucho mejor que el anterior, cargado de ilusiones y ganas de empezar a vivir tantas experiencias como este.


#WalkingDisaster

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