A veces, lo que pudiera parecer una rareza, algo impuro, no es sino una belleza diferente, que no sabemos aceptar. Al menos no por el momento.

miércoles, 23 de junio de 2010

Espejos

Imaginemos que puedo observar mi existencia desde el otro lado de un muro, horadado mediante un ojo de buey; el cristal convexo que la separa de mi mirada produce una curiosa deformación, y todo se ofrece curvado y dilatado, prácticamente no puedo ver las cosas tal y como son, aunque la memoria ayuda un poco a recordar algunos detalles que me confirman la distorsión.

En esa extraña deformidad, las cosas resultan más henchidas de vida, más exultantes, más plenas. Y las personas que rondan en torno a mí, también más orondas de gozo.

Entonces caigo en que esa es también una realidad. No es que esas personas no sean en verdad tan felices, ni que esas cosas no sean en realidad tan fabulosas, pero es cierto que el cristal de mi mirada también contribuye a cómo son las cosas. Tanto les aporta color como una nueva forma, si es necesario.

Y es que tengo la mirada ilusionada, qué le vamos a hacer. Tú tienes buena parte de culpa en ello.

1 comentario:

  1. La primera parte me recuerda al esperpento de Valle Inclán en Luces de Bohemia, todas las deformaciones etc ^^
    Me guuuusta el texto =)

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